Mujeres en crisis humanitarias, desamparadas: Médicos sin Fronteras

Valencia, España.- Cada día en el mundo mueren 800 mujeres por complicaciones en el parto o en el embarazo, una aterradora cifra que evidencia los problemas de salud que enfrentan miles de mujeres en crisis humanitaria y, a su vez, países desarrollados ignoran o simplemente evitan. La salud reproductiva no es prioridad en la agenda internacional, y dicha omisión, desencadena casos terribles de violencia sexual e intrafamiliar en países cuyo contexto social está en el limbo.

En su visita a Valencia, Javiera Puentes, médica que ha trabajado en proyectos de “Médicos sin Fronteras” en países como República Centroafricana, Yemen y Siria, reveló la crítica situación de las mujeres en países cuya cultura y pobreza económica impiden que accedan a un tratamiento o atención médica que salve sus vidas.

Los problemas relacionados con la salud reproductiva “son la principal causa de muerte entre las mujeres de edad fértil, como complicaciones en los partos o la consecuencia de abortos no seguros”. De acuerdo a “Médicos sin Fronteras”, “en contextos violentos, la vulnerabilidad de la mujer se agrava, ya que en muchos lugares del mundo no hay asistencia médica especializada para las víctimas de violencia ni atención para sus lesiones ni heridas, tampoco prevención de infecciones ni apoyo en salud mental.

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Fotos: Exposición “Sin ellas no hay futuro”
Martina Bacigalupo, Patrick Farrell, Gate Geraghty y Sydelle Willow

Se invierte más dinero en guerra, terrorismo, enfermedades parasitarias, pero no en vacunas para las embarazadas, en tomar pruebas, aumentar la cobertura en procesos natales, enfermeras. Esta disparidad se ve reflejada en que muchas patologías prevenibles se transforman en urgencias, lo cual nos da un margen de tiempo muy corto en la intervención”, explica Puentes, quien agrega:

En cuanto a los (contextos) culturales, pondré un ejemplo: en la India, la última que come y decide es la mujer. Entonces, si una mujer tiene que ir al hospital, tiene que pedir permiso a la suegra o al marido, los cuales, en muchas ocasiones, no se lo dan. No pueden permitirse una actividad preventiva del embarazo por motivos económicos ni culturales. Los motivos culturales son muy fuertes, en la estructura de salud de los países vemos cómo no se prioriza a la mujer, está más enfocada a la mortalidad infantil”.

Médicos sin Fronteras” señala que entre “50 mil y 100 mil mujeres desarrollan fístula, y el 40 por ciento de las embarazadas con VIH transmiten el virus a sus hijos cuando no reciben tratamiento antirretroviral, cifras que pueden reducirse garantizando el acceso a personal sanitario cualificado o simplemente cambiando la forma en que se les atiende”.

Generalmente (las mujeres) llegan cuando están muy muy graves, y ya no podemos hacer nada por el feto o por ellas. En muchos países, para que la mujer tenga intervención de cesárea, o transfusión de sangre, hay que esperar que un familiar les de permiso. Y muchas veces, dicen que no, no por cuestiones culturales o religiosas, como por ejemplo, ‘alegan que se les mete el espíritu de otra persona en el cuerpo’ y las dejan morir. Esto nos limita enormemente nuestro trabajo”, refiere Puentes.

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Fotos: Exposición “Sin ellas no hay futuro”
Martina Bacigalupo, Patrick Farrell, Gate Geraghty y Sydelle Willow

Hay que trabajar mucho con la antropología médica, con los trabajadores comunitarios de salud, maridos, suegras y toda la comunidad. Un ejemplo; en República del Congo, donde existe mucho conflicto armado, tienen ‘la suerte’ de tener un hospital a 10 kilómetros, pero no van porque tienen que cruzar puestos de control militares donde corren mucho riesgo de ser violadas o asaltadas. Vemos muchas hemorragia, malaria, anemia, parto en posiciones no adecuadas y acaba en obstrucción, fístulas y más”, y suma:

En países como África, Yemen, Sudán o Somalia, vemos mucho la mutilación genital femenina, hasta un 80 por ciento de niñas menores de 4 años ya tienen hecha la mutilación. Esto aumenta mucho las dificultades en el parto. Cuando hablamos con las mujeres, tres cuartos del total nos cuenta que tienen que mutilar a sus hijas porque, de no ser así, el estigma social es enorme, y no sabes qué hacer para cambiar eso. Familias en extrema pobreza, en Yemen, por ejemplo, venden a sus hijas de 10 años a hombres de 50 y 60 años, con los cuales se casan, y la noche de bodas para ellas es horrible, llegan muy traumatizados. No hablan, no quieren que las toquen, tienen fístulas (un conducto que conecta la vagina con otro órgano), y la violencia sexual les deja secuelas de por vida, pérdidas de orina y heces constantes y, sobre todo, las secuelas psíquicas son enormes. Sienten mucha culpa y vergüenza”.

Datos de “Médicos sin Fronteras” refieren que en el 15 por ciento de los partos se presentan complicaciones graves que requieren una atención médica de emergencia y especializada para salvar la vida de la madre, del bebé o ambos. El descuido y la falta de condiciones básicas en muchos países provoca que mueran 800 mujeres diariamente por causas evitables relacionadas con el embarazo y el parto.

Es muy difícil operar en ausencia de personal cualificado, ginecólogos y lo que solemos hacer en países como Congo, Nigeria, República Centroafricana, una vez al año, cuando vienen especialistas, se llevan a las mujeres (a las que pueden o todavía viven) durante un mes a operar. Las fístulas, en muchas ocasiones, son causadas por el ejército, controles, y las maltratan y violan con objetos horribles”.

Una de las crisis actuales que refleja la grave y terrible problemática es Bangladesh, “más de 600 mil refugiados y las mujeres sufren violaciones sistemáticas por parte del ejército. Se llevan a cabo de forma colectiva hasta con niñas adolescentes”.

Médico Sin Fronteras” ‘no logra responder a la necesidad, lo hace a una escala muy muy pequeña. Haciendo intervenciones muy simples se tiene un impacto muy grande. Hay que cambiar poco a poco la percepción de la población sobre los beneficios del tratamiento, no basta con los cuidados preventivos. Son proyectos a muy largo plazo. La razón principal por la que no acuden a los tratamientos es porque sienten vergüenza, rechazo, sufren de una triple violencia: su marido las rechaza, su familia y además las autoridades no las protegen. Y si además sumas que la comunidad internacional no quiere saber nada de los casos, es una cuádruple violencia. Nuestra ayuda y responsabilidad es traer lo que sabemos, acompañarlas para que ellas mismas adquieran la capacidad de buscar sus herramientas de cambio, sobre todo de su cultura. Hay que cambiar en todos los países”.

Una fístula obstétrica es una lesión abierta entre la vagina y la vejiga o el recto y resulta devastadora para la mujer. Además de las implicaciones para la salud, es repudiada, y a la mujer la expulsan del hogar, la apartan de la familia y es marginada de la comunidad. “Médicos sin Frontera” puntualiza que las fístulas se producen por embarazos prolongados y obstruidos en los que la mujer no recibe la atención médica adecuada”.

Otra problemática es el aborto no seguro, que figura en una de “las cinco principales causas de mortalidad materna y provoca cerca del 13 por ciento de las muertes de mujeres embarazadas. Cada año se producen 44 millones de abortos en el mundo, y la mitad de ellos se realizan en condiciones no seguras. Las cifras se disparan en algunas regiones, como América Latina, y en contextos como en los campos de refugiados y las zonas afectadas por un conflicto”.

Médicos sin Fronteras” subraya que en la mayoría “ de estos lugares los métodos anticonceptivos raramente están disponibles y el aborto está restringido por ley. Para la mujer, seguir adelante con el embarazo puede no ser alternativa viable, bien por falta de recursos, rechazo, estigma o por posibles represalias de la familia y la comunidad.

Médicos sin Fronteras” trabaja en más de 60 países y en 2015 realizó más de 8 millones de consultas médicas, 590 mil hospitalizaciones y 83 mil 500 cirugías. Atendió 220 mil partos, 11 mil 100 personas víctimas de violencia sexual y patrocinó el tratamiento para la prevención de la transmisión del VIH de madre a hijo a 6 mil 800 mujeres.

También de visita en Valencia, Luisa Suárez, quien también ha trabajado en proyectos de “Médicos sin Fronteras”, fue clara al señalar que en casos de violencia sexual, en países con conflictos armados, como el Congo, las guerrillas atacan a los pueblo donde las familias no se pueden defender y dañan a las mujeres como forma de amenaza y hacer valer su fuerza, más que por el disfrute sexual.

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Fotos: Exposición “Sin ellas no hay futuro”
Martina Bacigalupo, Patrick Farrell, Gate Geraghty y Sydelle Willow

Las mujeres tienen miedo, y también el personal que las atiende por las posibles represalias por atenderlas. Médico sin Fronteras está implantando programas de salud mental para estas situaciones postraumáticas. En zonas como Zimbabue, es frecuente que el marido trabajé fuera de las minas, en otras ciudades y tienen otras parejas con las que tienen relaciones y trasmiten en VIH; y como las pruebas se las hacen a las mujeres, las culpabilizan de ello. Hay que añadir que la mayoría de estos hombres les prohíben tomar anticonceptivos, ni ningún método preventivo de embarazo. Y como acude ella sola o con otra mujer al hospital, no podemos informarles”.

Suárez hace hincapié a que, a pesar de todo, “y en todos estos años que llevo trabajando, las mujeres también mejoran con los programas, no sólo físicamente, si no su autoestima”.

Me llama mucho la atención la fortaleza que tienen en salir adelante, a pesar de que seas considera como objeto a servicio del hombre: mantienen su dignidad y se apoyan entre ellas, se dan fuerza y luchan por ellas y sus hijos”, finaliza.

Mila Font, delegada de “Médicos sin Fronteras” en la Comunidad Valenciana, es clara: “en la mayoría de los contextos en los que trabajamos, muchas mujeres siguen muriendo por causas fácilmente prevenibles”.