“Aquarius”, voces de esperanza ante políticas xenófobas de la UE

Mislata, España.- Berete Sidiki, estudiante de 22 años de Guinea Conakry y Omon Beauty Aby, cocinera de 28 años y originaria de Nigeria, son dos de los 630 refugiados que llegaron a España en el barco “Aquarius”, el pasado 17 de junio. Aunque la mayoría han sido acogidos en Francia, Navarra, Murcia, Euskadi, entre otros lugares, ambos viven en el centro de Mislata, en Valencia.

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Berete Sidiki, de Guinea Conakry y Omon Beauty Aby,  originaria de Nigeria.

El Estado español -y en general la Unión Europea-, apuesta a la segregación como medida de control de sus fronteras. Desde 1985 se conformaron los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE) como medida xenófoba y de control para enclaustrar a quienes cruzan las fronteras, personas que huyen de sus países de origen por la guerra, la hambruna y el saqueo de sus recursos naturales.

Existen organizaciones como Obrim Fronteres, Valencia Acoge, entre otras, que apoyan a los migrantes, quienes son tratados de “ilegales” por carecer de documentos. Con los sobrevivientes de “Aquarius” se dio una situación extraordinaria, un bálsamo que busca distraer a la gente de las verdaderas políticas inhumanas del estado español.

Los sobrevivientes del barco “Aquarius” nos reciben en el Centro de Acogida para Refugiados (CAR). Sus gestos aún revelan la experiencia vivida en su rescate, cuando quedaron a la deriva en aguas de Libia, y la incertidumbre que pasaron hasta que el gobierno español autorizó su desembarque. Malta e Italia los rechazaron, lo que causó un conflicto diplomático dentro de la Unión Europea (UE).

“Después de dos o tres días, recibimos la información, del equipo de rescate del barco (Aquarius), que el gobierno español nos recibiría. Todos en el barco estaban felices y emocionados, ya que en el momento en que el gobierno italiano informó que no aceptaba más refugiados, habíamos perdido la esperanza”. Así relata Berete Sidiki, cómo recibieron la noticia los 630 refugiados rechazados por Malta e Italia, respectivamente, tras varios días a la deriva en el mar.

“Aquarius” llegó al puerto de Valencia el pasado 17 de junio, aproximadamente a las 6:30 de la mañana, y desde ese momento, se ha convertido en un “símbolo” de la crisis de valores que refleja la Unión Europea en sus políticas. Solamente en 2017 han muerto 3 mil personas al tratar de cruzar por el Mediterráneo. Gracias a “Aquarius” y otros barcos humanitarios, la cifra no se elevó.

“Hasta el momento en el que me subí al barco, no se cómo llamarlo, Acuario, Aquarius, estaba realmente desesperanzado hasta que vi a las personas que venían a rescatarnos. Después de estar 22 o 23 horas en el mar, no veía nada, sólo agua, estaba mentalmente desesperanzado y en el momento que vi al equipo de rescate llamarnos fue como volver a vivir. El equipo Aquarius lo hizo muy bien, salvaron mi vida y salvaron muchas más en esa situación particular, más de 200 vidas las cuales son más de las que eran capaces de salvar”, relata Sidiki.

Omon Beauty Aby tuvo que huir de Nigeria debido a la cruzada de violencia causada por el grupo Boko Haram: “pasan muchas cosas allí, muertes, personas heridas con disparos, personas arrestadas y yo debía cargar a mis niños de casa al colegio y arriesgábamos nuestras vidas. No es un lugar seguro, yo no estaba segura allí. Hay muchas muertes y muchas personas arrestadas sin causa, no importa quién seas”.

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Beauty, al igual que Berete, tuvieron que dejar Libia. Prefirieron arriesgarse a ser presas de la violencia. “Aquarius” fue su salvación.

“Era desesperante, después de 18 horas de esa experiencia nuestro bote filtraba agua. Yo sabía que no quería morir porque aún tengo muchas cosas qué hacer en mi vida, pero nuestro bote se inundaba. Hasta que vimos al equipo de rescate llegar y fue muy emocionante, mientras estábamos en el bote que se inundaba poco a poco las personas lloraban y rogaban no volver a Libia, porque no éramos felices en Libia, no era nuestro destino estar allí. Pero cuando vimos al equipo de rescate llegar fuimos muy felices, ya que nadie quería regresar a su país, ellos (rescatistas de Aquarius) detuvieron nuestras muertes. Estuvimos muy felices y cantamos y bailamos. Luego de dos días de salir de Libia, estábamos muy felices, el barco llegó a Italia, pero no nos permitieron bajar”.

Berete Sidiki tiene confianza en quedarse en España. Ahora, junto con Omon Beauty, aprende castellano. Ante todo, agradecen la decisión del gobierno por recibirlos.

“Por lo general, a las personas que llegan a este centro (CAR Mislata) les permiten quedarse 6 meses, luego de 6 meses te buscan otro lugar para vivir. Por otro lado puedes añadir 3 meses, eso hacen 9 meses y si por alguna razón necesitas quedarte, puedes añadir otros 3 meses, eso hacen un año en el centro, que es lo máximo que puedes quedarte”.

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“Comenzamos a estudiar y a experimentar el castellano. Fue la decisión justa que el gobierno español nos recibiera porque en el momento en que el gobierno italiano nos rechazó, el barco Aquarius estuvo a punto de enviarnos de regreso a África”.

Tras la llegada de “Aquarius”, Obrim Fronteres -junto con otras organizaciones y ciudadanos-, ha lanzado un llamado para “exigir puertos abiertos y seguros”. En su página obrimfronteres.org, se lee:

“Somos defensoras/es de derechos humanos, sindicalistas, trabajadores y trabajadoras precarios/as, activistas, alcaldes/as, abogadas/os, investigadores. Pertenecemos a comunidades migrantes, organizaciones no gubernamentales y movimientos eclesiásticos. Somos grupos auto-organizados, personas individuales, instituciones. Vivimos en pequeñas y grandes ciudades, en comunidades en las que acogemos las personas recién llegadas y encontramos formas para vivir en común”.

“Nos unimos porque queremos construir y difundir estructuras transnacionales de solidaridad para conseguir una sociedad abierta en la que todas y todos tengamos los mismos derechos. Lo que nos une es el rechazo a la deriva racista y autoritaria liderada por muchos gobiernos, partidos y movimientos nacionales en Europa y en el mundo”.

“Hacia un movimiento transnacional de solidaridad: ¡Queremos puertos seguros ya!”.

“Sabemos que las operaciones de salvamento en mar no son la solución para las personas en tránsito que en muchas ocasiones pierden la vida en sus viajes hacia Europa. Nadie tendría que poner en riesgo su vida viajando, sea cual sea su destino. No obstante, reconocemos la necesidad de las operaciones de búsqueda y socorro, bien sabemos que estas operaciones dependen de que existan ‘puertos seguros’, entendidos estos como puertos o ciudades que ofrecen refugio”.