Educación en México, Quintana Roo: problema de desarrollo social

Valencia, España.- Después de estudiar y trabajar cinco años en México y recorrer estados como Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Tulum, y vivir en Puebla y Quintana Roo, específicamente en Playa del Carmen –y dirigir diversos talleres en diferentes instituciones educativas del país y, en Playa del Carmen en el centro cultural Caracol Marino, ubicado en la colonia Luis Donaldo Colosio–, María Atahona Almarche concluye que “el sistema educativo en México pasa por una grave crisis de conocimientos”, por lo que es necesario “cambiar la concepción, la conciencia de que la escuela no sólo se dedique a la mera trasmisión de conocimientos, sino enseñar a adquirirlos”.

Entrevistada en España, en Valencia, Atahona explica que mantiene un sentimiento de tristeza al pensar en México, especialmente en Quintana Roo, ya que el rezago educativo que se experimenta en uno de los estados más ricos del país permea a toda la sociedad y, en consecuencia, “genera desigualdad (pobreza) e ignorancia, y consecuentemente, todos los problemas derivados de ello: violencia intrafamiliar, escolar, de género, maltrato de animales, adicciones e innumerables problemas socioambientales”.

Las personas menores de 15 años, que han pasado por la escuela sin conseguir hacerse con las destrezas mínimas, niños y niñas que no están escolarizados, el que carezcan de competencias básicas en lectura, escritura y cálculo, no sólo es indefendible desde el punto de vista ético, sino que, además, supone una trágica pérdida de potencial humano y capacidad económica.

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Esta problemática tan grave conlleva una desigualdad económica, es un país en el cual muy poca gente accede a trabajos de mayor nivel económico y social, la mayor parte de la población sólo tiene opción de acceder a trabajos mal remunerados, lo que lleva al alto porcentaje de pobreza que padece México. Lo que también nos lleva a otro dato relacionado, la tasa de incidencia delictiva por cada 100 mil habitantes en 2016, fue de 37 por ciento (en 2017 incrementó 29 por ciento, de acuerdo a datos del Observatorio Nacional Ciudadano, Seguridad, Justicia y Lealtad)”, explica Atahona, quien reflexiona:

Y si pensamos que es debido a la economía, nos equivocamos, ya que México es uno de los países que tiene mayor presupuesto de dinero a nivel mundial destinado a la educación. El 21 por ciento del gasto del país es destinado a la educación. Aunque sólo el 7 por ciento se aplica verdaderamente a lo que debería, que son los sueldos de los maestros, infraestructuras que dejan mucho qué desear, recursos educativos y ayudas a los alumnos”.

¿Entonces, qué pasa con ese dinero?, se pregunta Atahona –quien estudió educación social en la Universidad de Valencia y teatro en la Universidad de la Américas, en Puebla, donde también realizo sus prácticas profesionales en Chanollilitzli, familias en Movimiento e impartiendo diversos talleres para el municipio de Cholula, Puebla–, “se lo llevan los sindicatos de maestros, los partidos políticos, los choferes del gobierno, los gobernadores etcétera… Es una estrategia política, la manipulación del poder, de la corrupción que existe desde los grandes poderes, tanto industriales como gubernamentales. Con lo cual, para resolver el problema, no se trata de tener más dinero, se trata de administrar y gestionar bien el que tienen”.

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Atahona puntualiza que esta realidad no interesa a los poderes económicos, “interesa tener una sociedad analfabeta, ciega ante estas cuestiones”.

Uno de los problemas graves a los que se enfrenta México y otras partes del mundo, es que los maestros no tienen competencias necesarias para el aprendizaje, en lugar de prepararlos para enseñar, les instruyen para repetir programas y los libros de texto. Hay que crear maestros de excelencia para crear mexicanos de excelencia. Les hace falta mucha preparación y adquisición de competencias. Esto nos lleva a otro dato, 7 de cada 10 alumnos, no entienden lo que leen, o de qué de que trata la actividad que están realizando”.

De acuerdo a datos de 2016 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), hay 43. 6 por ciento de pobres en México, y 7.6 por ciento en pobreza extrema, cifras ligadas al ingreso de la escuela.

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Estudios indican que la pobreza hace que los niños deserten de la escuela y se incorporen al mercado laboral, y muchas veces al informal.  Las causas principales por abandono escolar se debe a cuestiones económicas, la distribución de oportunidades educativas: en lugar de funcionar como un mecanismo que contribuya a combatir las desigualdades sociales, tiende a reforzarlas; lo que, entre otras cosas, impide combatir la pobreza”.

Atahona hace una pausa, y sigue:

Existen escuelas privadas, donde los niños y niñas van más horas, y con horario fijo, los grupos son más reducidos, los maestros tienen mayores competencias en lo que respecta a la materia y tienen otras exclusivas que en la pública no tienen. Pero para acceder a esa educación hace falta mucho dinero y la mayor parte no puede cubrir esos gastos”, y añade:

Por otra parte, las plazas de maestros no son para los mejores, muchas se han comprado, heredado o recibido por ‘palancas’ en el sindicato. Si los maestros no saben, menos los alumnos. A los maestros no se les considera profesionales de la educación. Los poderes tan sólo se encargan de comprobar que las instrucciones que se le dan, se cumplan. Con lo cual la educación se convierte en moneda de cambio política”.

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Para Atahona, de acuerdo a su experiencia, las familias mexicanas no son conscientes de la importancia de la calidad en educación y de las carencias educativas.

Cuando les preguntas, la mayoría te dicen que están contentos con la educación que reciben sus hijos, no se dan cuenta de que ésta dista mucho de ser buena y de calidad. Es muy importante que los padres se involucren en la educación de sus hijos de forma coordinada con los maestros. Pero, como podemos observar, ellos tampoco tienen estos valores o consciencia social, con lo cual es complicado que sus hijos adquieran estos conocimientos y habilidades para leer la vida. Los padres se cierran y no aceptan que tienen errores, se trataría de educar también a los padres, que son los mayores responsables de la educación de sus hijos”.

La importancia de la familia, refiere Atahona, es que responde a exigencias desde el religioso hasta el formativo. En otras palabras, la familia como institución social pretende proteger el desarrollo de sus miembros, sobre todo el de los más pequeños ante los cambios y amenazas del mundo, teniendo en cuenta que los contenidos educativos que emergen de la educación familiar son referentes a los valores sociales apreciados de la cultura de la cual se forma parte.

Atahona deja en claro que en el caso de México, como en todo el mundo, “un proceso democrático precisa de personas alfabetizadas que participen activamente en el mismo, para su desarrollo y consolidación”, porque sin una población consciente y demandante de sus derechos y participativa en torno a organizaciones políticas, gremiales y civiles en sentido amplio, no es posible que se desarrollen políticas públicas adecuadas que beneficien al conjunto de la población y fortalezcan el estado de derecho.

La higiene, la alimentación, la salud reproductiva, la prevención de accidentes o la prevención de enfermedades son algunas de las consecuencias que se derivan de un entorno alfabetizado. Como ocurre con otros derechos y bienes públicos, la educación es responsabilidad de toda la sociedad y todos y todas tenemos que unir esfuerzos para extenderla y mejorarla. Y aunque de pensamiento anarquista, en el momento político que se vivimos, debemos de exigir a los gobiernos liderar este proceso, ellos tienen la responsabilidad de hacer que el derecho a la educación buena y de calidad sea una realidad”, finaliza.