“Presos políticos, compañeras y compañeros que luchan contra el sistema”: Taño

Valencia, España.- El activista gráfico, Elías Taño, con su obra solidaria y arte político, ha sacudido el discurso de la derecha y enardecido a los fascistas y grupos de ultraderecha de Valencia, España. Aunque el trabajo de Elías busca la solidaridad, recientemente sufrió el linchamiento mediático por parte de medios de comunicación oficialistas por poner en la mesa la condena de jóvenes de Alsasua, un caso que sentencia a cárcel a jóvenes de Navarra por “atentar” contra guardias civiles.

Más allá de la polémica generada en la clase política y grupos fascistas, los murales de Taño, los cuales fueron afectados por la censura, desviaron el mensaje que el artista quería destinar a la sociedad, entablar un diálogo y una reflexión sobre una situación desproporcionada que no es aislada en España.

“Me gusta situarme desde el activismo gráfico, es decir, utilizo las herramientas del arte, de mi oficio, el que conozco, para hacer un trabajo político en mi comunidad”. Así define Taño su obra.

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Obras de Elías Taño, publicadas con su autorización.

Para Taño, ante la censura y las leyes, “hay presos políticos y normalmente son compañeros y compañeras que están luchando contra el sistema”.

¿Qué generó tu trabajo, tus murales en alusión al caso Alsasua?

“Básicamente lo que sucedió es que, Atiro Hecho, mi colectivo y yo, hicimos una convocatoria para pintar un muro, en el que queríamos hacer una muestra de solidaridad con los jóvenes de Alsasua, que están en prisión, según nosotros, de una forma injusta, ya que han sido condenados por muchos años a prisión, con una condena muy desproporcionada, por una pelea de bar, y pues estos muchachos llevan ya dos años en prisión: nosotros queríamos solidarizarnos a través del arte. Sabemos que los presos políticos, unas de las formas que tienen para sobrellevar esa represión estatal, es a través de la solidaridad de las personas que estamos fuera, que sepan que no nos olvidamos de ellas, y además trasladar al debate público esta injusticia que queremos que se sepa y los medios no cubren”

“Lo que ocurrió es que el mural no duró ni 12 horas pintado, y fue atacado por grupos de ultraderecha, no lo digo yo, sino que ellos mismos firmaron como grupos de Falange, grupos de Acción Valencianista, de España 2000, todos vinculados a la extrema derecha y grupos neonazis que atacaron el mural y lo borraron, incluso hicieron convocatoria para taparlo y, aparte, todo el linchamiento mediático que recibimos porque consideran que era una acción procatalanista, antiespañolista, y también porque era una cuestión de apoyo al terrorismo, cosa que nosotros no le encontramos el sentido. Por un lado, porque pedíamos la libertad de los presos políticos, de Euskal Herria, pero también de todo el mundo. Y también que se hiciera justicia con estos muchachos, que sufren el estigma de ser de Euskadi, con lo cual la ultraderecha asocia todo lo que proviene de allí, incluso la lengua la asocian con el terrorismo por una cuestión de que los medios, la política y los grandes intereses, se han esforzado mucho en hacernos ver que todo lo que viene de Euskadi, tiene que ver con el terrorismo o es sintomático de apoyar a la banda armada ETA”.

“El hecho fue que ese mural se pintó porque ya habíamos hecho un mural parecido en el centro de la ciudad, solidarizándome con esta cuestión, señalando también a los culpables, el poder político, el poder judicial, y la guardia civil, en fin, todos los intereses que hay detrás de este tema, pues fue borrado por parte de una empresa subcontratada del ayuntamiento, debido a denuncias de los vecinos, de que en ese mural había enaltecimiento del terrorismo. Realmente lo que pudo saltar las alarmas era un escrito en euskera, y no se si por ignorancia o por mala fe, algunas personas lo asociaron, vincularon con el ETA”.

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Esta situación que se germinó a partir de tu arte, ¿cómo la puedes reflexionar dentro de la sociedad en la que vivimos en Valencia, en toda España?

“A mí lo que me dice es que ahora mismo en el país estamos en una situación un poco tensa, hay una disputa también por los espacios, los que obviamente desde la izquierda y desde los movimientos libertarios o los movimientos que denunciamos las injusticias, luchamos por cuestionarnos las relaciones de poder dentro del capitalismo: estamos perdiendo la batalla, porque no legislamos y no tenemos muchas veces la voz, simplemente para comunicarnos, porque no es una cuestión de querer convencer a las personas, ni tan siquiera decir que poseemos la verdad, si no que, nosotros los artistas, queremos sacar esas cuestiones y ponerlas a debate público. Yo lo hago a través del mural porque me parece que es como la última grieta que hay en el sistema en sociedades que están completamente contaminadas por un lenguaje del neoliberal, y del consumismo, entonces, ¿cual es la tensión que nos produce? Que estamos en el punto de mira de una ley, que es la Ley de Seguridad Ciudadana, la Ley Mordaza. Hace que, por un lado, nos podamos enfrentar a multas fuertes, a prisión, incluso, por determinados mensajes, que tienen que ver cuando vas en contra de las fuerzas de seguridad del Estado, cuando vas en contra de la monarquía, cuando vas en contra de una serie de estamentos te puedes buscar problemas legales graves, y esto responde a un crecimiento de la ultraderecha, que no solo está en los grupos aislados, neonazis, sino que también están constituidos como partidos políticos, como Vox, España 2000, Acción Valencianista, o como Falange, que casualmente fueron los que atacaron nuestro mural”.

A mí después de toda esta cuestión, salir a pintar a la calle, a plena luz del día o en la noche, yo solo, me produce miedo porque se me ha reconocido por la calle, se me ha señalado por parte de grupos de ultraderecha y tanto yo como mi colectivo estamos expuestos a ese ataque, que parte desde la violencia pura y dura de encontrarte con fascistas por la calle y también por una represión que puede venir desde lo político y desde lo judicial”.

“Y en ese clímax en que vivimos aquí en Europa con respecto a esa cuestión, pues yo creo que no nos queda otra que seguir haciendo en lo que creemos, por lo que queremos luchar, asumiendo las consecuencias, la responsabilidad de ello, pero intentando no sucumbir a esa autocensura y ese miedo que sentimos: a mí después de toda esta cuestión, salir a pintar a la calle, a plena luz del día o en la noche, yo solo, me produce miedo porque se me ha reconocido por la calle, se me ha señalado por parte de grupos de ultraderecha y tanto yo como mi colectivo estamos expuestos a ese ataque, que parte desde la violencia pura y dura de encontrarte con fascistas por la calle y también por una represión que puede venir desde lo político y desde lo judicial”.

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Entonces, ¿qué intención tienes con tu obra, qué buscas?

“El arte que yo desarrollo en la calle, y en el resto de soportes, intento que sea un arte que cuestione las relaciones de poder dentro del capitalismo, a mí lo que me interesa provocar, en un sentido amplio de la palabra, es un cuestionamiento sobre la sociedad en la que vivimos, sobre cómo la vivimos, y sobre cuáles son esas relaciones de poder, que se producen entre asalariados y empresarios, hombres, mujeres, o migrantes, y autóctonos, digamos, todo ese tipo de contradicciones, de ficciones, mejor dicho, que produce el capitalismo es a mí lo que me interesa provocar: un cuestionamiento o plantearnos por qué vivimos de esta manera o por qué trabajamos equis horas a la semana, por qué no hay huelgas generales, o por qué la cuestión de los barrios son débiles, o por qué hay gente en prisión por el simple hecho de ser migrantes, por estar en un país que no es el suyo, cuando si lo entendemos desde un punto de vista humanista se podría decir que todas las personas tenemos derecho a transitar el mundo, no es ninguna utopía, para mí está en el sentido común. Las preguntas que planteo a través del arte va en línea con esas cuestiones. Rebuscar, siempre sacar a través de una sonrisa, o a través de cambiar determinadas consignas, de darle un discurso nuevo a estas viejas preguntas desde el marxismo que se ha planteado la humanidad”.

Tu argumento…

“Procuro crear un lenguaje, intento entablar un diálogo a través de un arte que se desvincule en ciertos sentido de lo que es la gráfica tradicional o la gráfica obrerista, del movimiento obrero, del movimiento sindicalista, proponiendo un nuevo discurso artístico, una nueva forma, un nuevo lenguaje, no se si peor o mejor, simplemente una elección, una decisión personal, pero intento que no transite por los mismos lugares que la gráfica del partido comunista o de los sindicatos. Para mí es una puerta, en realidad, por traer esos discursos que considero plenamente válidos aún en el siglo XXI: el respeto a oprimidos y opresores, al capitalismo, al neoliberalismo, a las formas de producción, sociabilización de los medios de producción, todo ese tipo de conceptos intento traerlo hoy en día, que esté en sintonía con los tiempos con los que estamos, en un capitalismo ultradesarrollado, ultratecnológico además, totalmente globalizador, en los que no hay espacios para la disidencia, en los que los medios no alcanzan a cubrir todos los espectros de opinión que se pueden dar dentro de una sociedad, por lo cual es bastante sesgado”.

Y eso con mi discurso artístico intenta encajar en esas grietas que hay en el sistema para hacer reflexionar”.

Como clase trabajadora estamos en el eje mismo de lo que es el diálogo o el cuestionamiento o simplemente el soñar otro mundo posible”.

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¿Has logrado llevar ese mensaje a la sociedad?

“Cuando intentaba hacer estos muros en solidaridad con los jóvenes de Alsasua, más que hacer una reivindicación tradicional de puño en alto y libertad a los presos políticos, para mí era traer ese debate a la ciudadanía. Lo que más me fastidió de toda esa cuestión de los grupos de ultraderecha que lo censuraron, lo tacharon, lo denunciaron, no fue tanto que se diera a la censura a mi trabajo o no, si no que el diálogo que quería entablar con la ciudadanía, con las personas, con mi comunidad, que al final es Valencia, el lugar donde vivo, era el porque no pensamos cuáles son las razones por las que estos muchachos están condenados hasta 10 y 13 años de prisión ¿Por qué no trasladamos eso al debate público y lo discutimos? Creo que desde la izquierda no tenemos ningún complejo de discutir ante el conservadurismo, ante lo más reaccionario de esta sociedad. No tenemos ningún problema en discutir. El arte es una forma de discutir esas cuestiones y traerlas al debate público y cuando se tacha o se censura, criminaliza, nos hacemos un flaco favor como sociedad, porque se anula nuestra capacidad de pensar, de dialogar, es una lógica que cada vez concuerda más con las lógicas del capitalismo, respecto a que solamente somos receptores de información, de estímulo y de implantación de modos de vida o de culturización, de lo que sea, pero rara vez, las personas estamos como en el centro. Como clase trabajadora estamos en el eje mismo de lo que es el diálogo o el cuestionamiento o simplemente el soñar otro mundo posible”.

¿Cómo es la sociedad europea? En el exterior se cree que hay libertad…

“La situación por la que pasamos en este país y hago extensible a toda Europa, es que vivimos en sociedades de un capitalismo ultraavanzado, que lo que pretende, por otro lado, es tener todos los diques de contención posibles respecto a un cuestionamiento de su lógica. En el campo del arte o de la expresión, esto es una agravante fuerte, porque aunque vivamos en sociedades bastante seguras a nivel de violencia, o de miedo a vivir, o como leí en un artículo: ‘vivimos en sociedades en las que no tenemos miedo a morir en una manifestación’ a priori, porque hay ciertas seguridades, lo que sí es que estas sociedades intentan legislar todos los ámbitos: desde el privado hasta el más público”.

“Para los artistas y cualquier persona que expresa unas ideas, existe en España y en otros países de Europa, en España se ha llamado Ley de Seguridad Ciudadana, hay leyes que se disfrazan con el pretexto de protegernos de ataques terroristas, del ISIS, o cualquier tipo de amenaza que no se sabe muy bien de dónde viene. Pero son cosas abstractas que crean un clima de miedo entre las personas en Europa por lo cual estas leyes actúan. A parte de muchos otros sentidos, los CIE (Centro de Internamiento para Extranjeros), eufemismo de cárcel o prácticamente campos de concentración para personas migrantes que existen en Europa, son parte de esas leyes de seguridad: que a la gente se les devuelva en caliente a sus países, que les quiten sus derechos básicos como seres humanos, son leyes de la represión que inciden en que esa atmósfera de miedo se mantenga. ¿Y por qué conviene?”…

Nos consideramos más activistas que artistas. La política va por delante. Nosotros lo hacemos desde el arte”.

“En estos países de Europa cualquier disidencia política es perseguida por estas leyes. Que en teoría nos protegen de los males pero también nos protegen de cualquier idea que sea contraria a los propios intereses del capitalismo Europeo. En el caso de España, esta ley, en el caso de raperos, están en procesos judiciales, con amenazas de entrar a prisión, incluso uno de ellos se ha exiliado del país. Una cosa bastante insólita en el siglo XXI, que se exilie por motivos políticos. En España, siempre hablo de un contexto de lo que conozco, la situación es esa. Son personas vinculadas a un discurso de la izquierda, de la izquierda radical o del anarquismo, que se ven perseguidos por una cuestión ideológica. Pero no sólo eso, porque también hay blogueros, gente que escribe, periodistas, que sólo por cubrir noticias, por twittear o por hacer chistes sobre la monarquía o sobre ciertos estamentos políticos del franquismo también están en proceso judicial y perseguidos por la ley en este país. Grupos de música, actores, activistas, grupos anarquistas ultraperseguidos y todas estas cuestiones lo que hace es que infunden una sensación de miedo pero no miedo a lo desconocido, lo que buscan, creo, es provocar una autocensura a la hora de expresarnos, y se está agravando porque ahora en España se nos está jugando con cualquier cosa. Tú por una expresión artística puedes ir a prisión. Ninguno queremos ir a prisión. Si haces una cosa grave, al menos dices mereció la pena. El caso es que la situación ahora mismo, por una expresión artística, política, hay un altavoz más potente para llegar a muchas más personas. Es el compromiso que los artistas políticos tomamos respecto al hacer política a través de nuestro arte. Prácticamente por la gente que conozco, nos consideramos más activistas que artistas. La política va por delante. Nosotros lo hacemos desde el arte y, justamente, creo, que cualquier modo de difusión pública, pero también digo como periodista, twittero, bloguero, usas medios de difusión pública, es decir, que no estás en una reunión en tu casa, somos susceptibles para ser perseguidos por una ley que recorta mucho ese derecho a la disidencia en Europa. Y esa es la situación que vivimos con respecta a la Ley Mordaza”.

Llevamos años y años en España de gente que está en las prisiones simplemente por ser activistas, por ser militantes en grupos anarquistas, por ser trabajadores y trabajadoras, periodistas que han estado muy cerca de quebrar esos diques de contención que el capitalismo nos impone y que la lógica del Estado es meterlos en prisión porque es la forma de callar sus voces”.

¿Hay presos políticos en España?

“Sí, eso lo puedo afirmar con todas las letras. Hay presos políticos en España y me remito a los hechos de que, gente con la que no comparto ideologías ni proyecto político, como es la burguesía catalana que ha intentado hacer un referéndum por la autodeterminación de su territorio, cosa con la que estoy a favor y me parece estupendo, quiero decir, como cualquier pueblo que quiera reivindicarse o tenga la libre determinación de poder hacerlo, como pueblo o comunidad. Hay políticos que están en prisión, cargos políticos. Es la punta del iceberg porque llevamos años y años en España de gente que está en las prisiones simplemente por ser activistas, por ser militantes en grupos anarquistas, por ser trabajadores y trabajadoras, periodistas que han estado muy cerca de quebrar esos diques de contención que el capitalismo nos impone y que la lógica del Estado es meterlos en prisión porque es la forma de callar sus voces”.

“Para nosotros es muy importante reivindicar que sí, que el Estado español y en Europa hay presos políticos por sus ideas políticas y es una realidad incuestionable, no por mí, ni por mis colegitas, porque hay estudios que aseveran que esta cuestión es así. Que luego legalmente te imputen por una causa que ellos (el Estado) alegan de enaltecimiento del terrorismo o que has dañado el sentimiento de honor de la corona de España, para mí eso es un preso político. Son personas que no están ejerciendo una violencia explícita pero a lo mejor sí una violencia de discurso contra cosas que no está de acuerdo y que deberíamos de amparar en cualquier caso la libre expresión de personas. Lo cierto es que luego, por otro lado, los discursos reaccionarios de la ultraderecha y los grupos nazis que salen a dar palizas a manifestantes o a quemar mendigos en cajeros, o hacer barbaridades, esa gente se maneja ante una impunidad total ante la ley, y con un apoyo además de las fuerzas del orden, poder judicial y estamento político. Hay presos políticos y normalmente son compañeros y compañeras que están luchando contra el sistema”.

¿Qué le dirías a los conservadores, al discurso de la derecha y del capital?

“Siempre les hago esta reflexión. Para mí el capitalismo lo hemos asumido en los genes de las ciudades, en el ADN propio de las ciudades y de las personas está en el capitalismo. El mensaje del capitalismo permea tanto en las capas y en todos los lugares de la sociedad hasta el hecho en que visualmente ocupa gran parte de nuestras ciudades. Digamos que la publicidad no es neutral. La publicidad está en un discurso del capital, del consumismo de un tipo de vida, de un tipo de estatus aspiracional que las clases trabajadoras deben acceder, lo que sea. Mi mensaje para ellos, porque les molesta tanto la cuestión de que el arte dé voz a los que no tienen voz, mi mensaje es que procuren utilizar el arte para contrarrestar y para argumentar su discurso. Ya que tienen todos los medios de producción, todos los medios publicitarios, ¿por qué les molesta tanto que el arte les cuestione? ¿Será que el arte es una herramienta del futuro? ¿Es una arma cargada de futuro? ¿Será por eso que le tienen tanto miedo y es tan peligroso para ese discurso (conservador) el arte? Yo siempre les hago la invitación para que utilicen el arte, la sensibilidad para dar mensajes desde la ultraderecha y desde el capitalismo. ¿Qué pasa? Eso no va a pasar. Porque ya controlan la hegemonía cultura del mundo, o en la mayoría de países. Entonces ellos no tienen la necesidad de usar el arte. Pero sí son conscientes del papel emancipador que tiene el arte”.

¿Futuro?

“En mi comunidad, Valencia, en este país, uno siempre lo ve negro, pero por esa misma pulsión, siempre uno está a pie de calle para seguir pelando por las cosas que consideramos justas y porque sentimos que no estamos solos y las redes de solidaridad cada vez se están tejiendo de forma más potente, más humana y más sostenible, es internacionalista y tenemos esa esperanza de que si no nosotros, con el tiempo el capitalismo caerá y creo que la cultura y el arte pueden ser motores para definitivamente enterrarlo y construir un mundo nuevo”.

Entrevista: María Atahona