Ante alarma de expertos, promete Fonatur estudios y MIA en 2019 por Tren Maya

Playa del Carmen, México.- La Península de Yucatán, incluyendo la Riviera Maya, vive una nueva preocupación, la construcción del Tren Maya, decididamente impulsado por el nuevo gobierno federal, encabezado por Andrés Manuel López Obrador. El megaproyecto, sin un estudio adecuado, según voces de científicos, provocaría consecuencias negativas al ecosistema, sistemáticamente mermado por el turismo masificado, la contaminación del manto freático, la devastación de la selva, los asentamientos humanos irregulares, la explotación minera y muchos factores más que han hecho de Quintana Roo, el Caribe mexicano, un polvorín.

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Vista de la devastación causada por la actividad minera en la selva de Playa del Carmen. Fotografía: Raúl Padilla.

Ante las voces que piden una evaluación al proyecto, el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) anunció que presentará en 2019 la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) correspondiente ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). A través de un documento, la dependencia federal subrayó que “la MIA será elaborada e ingresada una vez que se tengan avances significativos en el proyecto ejecutivo, es decir, en el conjunto de estudios y análisis técnicos y económicos del proyecto”. Además, puntualizó que “el presidente de México, en la ceremonia del 16 de diciembre de 2018, informó que el proyecto ejecutivo se licitará en un plazo de dos meses” y “el proyecto integral, en su totalidad, será sometido al procedimiento de evaluación de impacto ambiental que está previsto en la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA), y su Reglamento (REIA)”.

Científicos han exigido que el megaproyecto del Tren Maya tenga una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) sustentada en la ciencia, en estudios previos. El acuífero, el Arrecife Mesoamericano (uno de los más grandes del mundo), el sistema de cuevas, especies protegidas como el jaguar, diferentes aves, murciélagos y vestigios mayas, estarían en riesgo sin un análisis detallado y soluciones concretas para mitigar y proteger la biodiversidad y la riqueza cultural del sureste mexicano. El gobierno federal calcula una inversión de 150 mil millones de pesos (8 mil millones de dólares) para atraer 3 millones de turistas y crear más de 20 mil empleos. Además, el Tren Maya transportaría pasajeros locales, turistas y mercancías por zonas frágiles, tanto por la fauna como por la vegetación existente, así como la conexión de cuevas. El tren viajaría a una velocidad máxima de 160 kilómetros por hora y contaría con vagones temáticos, tecnología, restaurantes y actividades infantiles: sería de doble vía de Cancún-Tulum. El desarrollo de tren tardaría cuatro años y su recorrido se dividiría en tres tramos: Tramo Golfo, Tramo Caribe y Tramo Selva.

La preocupación de los investigadores, quienes conocen los ecosistemas en la Península de Yucatán, deriva en la fragilidad, fragmentación del hábitat e interrumpir el corredor biológico de especies que necesitan intercambio genético. Que el Tren Maya contemple su circulación por las reservas de la Biósfera Calakmul y Sian Ka’an, respectivamente, advierte un estudio puntual para no afectar la conectividad de los ecosistemas.

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Cuevas en la selva del Caribe mexicano. Fotografía: Raúl Padilla.

Según el documento informativo de Fonatur, “una vez que la MIA sea ingresada ante la Semarnat se realizará su análisis y evaluación, y se llevará a cabo la consulta pública ambiental y las reuniones públicas de información… y una vez concluido el procedimiento se determinará la autorización que corresponda”. También se hace énfasis en que 723 kilómetros (de los mil 525) “ya cuentan con una vía férrea en operación. Este tramo de vía férrea va de Palenque, en el estado de Chiapas, a Izamal, en el estado de Yucatán, y es operada por Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec S. A. de C. V”.

El gobierno mexicano anunció la rehabilitación y mantenimiento de dicho tramo y aclaró que, “de acuerdo con la legislación vigente, este tipo de trabajos de rehabilitación y mantenimiento no requieren de la presentación de una MIA”, pero el “Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec S. A. de C. V. sí debe observar lo dispuesto en el artículo 29 de la LGEEPA, en las normas oficiales en materia ambiental, y en la legislación sobre recursos naturales”.

Para el gobierno federal, el Tren Maya será un motor de desarrollo, apoyará “nuevos giros agro-ecológicos-turísticos, promoverá el respeto y activación del patrimonio arqueológico, tradiciones, costumbres locales y conservará los ecosistemas nativos con estrategias de optimización de recursos y un programa de desarrollo sostenible”. También “incluye todos los grupos socioeconómicos y productivos, con respeto a las etnias existentes y con un enfoque de género”. Sin embargo, las joyas del Caribe mexicano están en declive por la inseguridad, los feminicidios, la violencia desmedida y la corrupción. Existe una anarquía en el desarrollo turístico y en los asentamientos humanos, y se carece de una estrategia para combatir los desgastes de una sociedad que enferma a la par con la biodiversidad de la región.

El pasado 23 de noviembre, la Alianza Nacional Para la Conservación del Jaguar (ANCJ) envió una misiva a Rogelio Jiménez Pons, titular de Fonatur. En el texto, la ANCJ subraya que, de acuerdo al “segundo censo nacional del jaguar”, se detectó un aumento en la población de 4 mil a 4 mil 800 ejemplares, “un logro en materia de conservación “si consideramos que actualmente enfrentamos un periodo en que la biodiversidad está bajo asedio en todo el mundo”. En el documento, la alianza, integrada por 50 investigadores repartidos en 25 instituciones, subraya que en la Península de Yucatán hay aproximadamente 2 mil jaguares, y mil en Calakmul, la población más grande del país. Ante los resultados, los expertos piden “evaluar y mitigar los impactos sobre el jaguar y la diversidad biológica regional”: el trazo del Tren Maya debe respetar “los límites de las áreas naturales protegidas federales, estatales y municipales, especialmente “el Parque Nacional Tulum (Quintana Roo), las reservas de la Biósfera Yum Balam y Sian Ka´an (Quintana Roo) y Calakmul (Campeche), entre otras”. De tal forma, piden que “bajo ninguna circunstancia deberán impactarse las zonas núcleo y de amortiguamiento de las áreas naturales protegidas”.

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Evidencia de la presencia de jaguar. Trabajo de fototrampeo en Playa del Carmen. Fotografía: Raúl Padilla.

Entre los puntos a destacar, la ANCJ pide medidas de “mitigación y conservación en las zonas que aún conservan selvas extensas” que funcionan como corredores biológicos para el jaguar y otras especies animales. Además, el Tren Maya “deberá determinar el número y ubicación de pasos de fauna elevados para fauna mayor como jaguares y tapires, así como adecuarse los viaductos, obras de drenaje y pasos ganaderos para que funcionen como pasos de fauna de menor tamaño como ocelotes y osos hormigueros”.

Uno de los puntos que relevantes de la misiva, es que los especialistas reconocen que el proyecto del Tren Maya “puede ayudar a restablecer la conectividad de los hábitats del jaguar que están impactados por el sistema de carreteras existentes, a lo largo de las cuales se ha planteado la vía férrea: los pasos para la fauna, además de reducir la fragmentación del hábitat, también sirven para disminuir el atropellamiento de animales silvestres”.

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En la carretera federal Cancún-Chetumal hay atropellamiento de jaguares y otras especies ante la falta de pasos de fauna. Fotografía: Raúl Padilla.

Los investigadores también refieren que “las terminales y los nuevos centros de población que contempla el tren, deberán evaluarse para determinar la capacidad de carga de la región, así como los impactos que puedan generar a las áreas naturales protegidas y los corredores biológicos para la conservación del jaguar y otras especies animales”.

Un reflexión que hacen los conservacionistas es que “un adecuado diseño del tren, así como su correcta evaluación, puede representar una valiosa oportunidad para ordenar el desarrollo anárquico que ocurre en la periferia de las áreas naturales protegidas como Calakmul y Tulum”. La ANCJ proponen “ampliar la reserva de Calakmul para incorporar otras áreas”, como “las reservas estatales Balam-Ku y Balam-Kin”, y “otras selvas no protegidas que nuestro grupo ya ha identificado y cuentan con el apoyo de comunidades rurales que son dueñas de la tierra”.

La ANCJ recalca que un instrumento fundamental “es la creación de un fideicomiso ambiental para apoyar el manejo de las áreas naturales protegidas de la región y zonas que aún conservan en buen estado sus ecosistemas, pero no están bajo algún esquema de manejo sustentable”.

Existen varias alertas emitidas por los expertos, como la vibración y los posibles colapsos que generaría el funcionamiento del Tren Maya, así como el resguardo del acuífero. También se pone en el renglón qué se hará para mitigar los nuevos asentamientos humanos, la expansión y el crecimiento de la actividad antopogénica. Por ahora, se esperan las consultas públicas en enero y la presentación de una MIA con sustento científico.

*El dibujo de portada corresponde a la página cuyo link es: https://www.tren-maya.com/

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