Cannabis medicinal para escépticos: un anticancerígeno rebajado a milagro

El Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas (NIDA) de Estados Unidos financia la mayoría de estudios sobre el cannabis en el mundo. Solo el 6% de las investigaciones se enfocan en identificar los efectos positivos; el 94% restante expone los riesgos.

Estos son algunos de los beneficios de la marihuana que se conocen: es un potente analgésico y evita la adicción a los opiáceos, aumenta el apetito en personas enfermas, “cura” algunos tipos de cáncer y, al contrario que la quimioterapia, no mata las células sanas y apenas tiene efectos secundarios.

Sin embargo, estas afirmaciones contundentes se quedan en sospechas por la insistente campaña de desprestigio a la que Estados Unidos lleva dándose a la tarea desde hace 70 años y que esconde otros intereses, como veremos más adelante.

El documental “Weed the People” se estrenó el pasado mayo en Netflix y habla de la eficacia del cannabis sobre el cáncer infantil. A través de cuatro casos, de cuatro parejas desesperadas que exponen a sus hijos a un tratamiento devastador de quimioterapia, se explica la historia de difamación de la planta y la frustración de las familias que no entienden por qué el gobierno les niega el acceso a este remedio.

No es un milagro, es una medicina sobre la que no hay apenas estudios

El cultivo, consumo y comercio de la marihuana es legal desde 2008 en el estado de California. Podríamos decir que es un estado aventajado para acceder a un tratamiento de este tipo, sin embargo las leyes federales la clasifican en el Anexo I, es decir, como droga con un alto potencial de abuso y no apta para uso médico.

Para que nos hagamos una idea, el cannabis se equipara al LSD y la heroína y se sitúa por encima de la cocaína, que está en el Anexo II por su utilidad medicinal. Federalmente no se considera una medicina, lo que impide que se destinen recursos para la investigación.

En el documental, los padres cuentan sorprendidos cómo se les adjudican modelos de tratamiento que casi no se han modificado desde los años 70. Se les dice que el cáncer infantil es raro y no existen muchos estudios al respecto.

La película reúne imágenes desde 2012, así que se puede comprobar cómo la quimioterapia y los cócteles de medicamentos dejan a estos niños moribundos y atrofiados, niños que con tres años pesan poco más de ocho kilos y son adictos a los opiáceos.

Ante la situación de vida o muerte, los padres deciden hacer caso a los rumores y enfrentar el tabú social. Muchos de ellos nunca han tenido contacto o han probado la marihuana. Por suerte, California permite a los doctores recomendar, que no prescribir, cannabis medicinal. En todos los casos del documental se combina el tratamiento de quimioterapia con el de aceite de cannabis y es ahí donde se obra el “milagro”.

Cómo funcionan los cannabinoides: la apoptosis

“No es vudú. Hay compuestos médicos en la planta (cannabinoides) que interactúan con las células del cerebro y del cuerpo, y tienen ciertas reacciones. Es igual que cualquier otra droga”, comenta Bonni Goldstein, pediatra especializada en tratamientos con cannabis en California.

La marihuana se ha usado con fines medicinales durante miles de años. Sus principales activos o cannabinoides son el famoso THC y el CBD. Ambos están en distintas proporciones en cada una de las alrededor de 4.500 cepas que se estima que existen de la planta. Se cree que la eficacia o ineficacia del tratamiento con cannabis depende del ratio o proporción de ambos activos.

Estudios del Instituto Nacional de Salud de Israel establecen que el sistema endocannabinoide está involucrado prácticamente en todas las enfermedades humanas y juega un papel crucial en el tratamiento del cáncer.

“Toda célula del cuerpo tiene un sistema de control que revisa si hay problemas. Y si hay problemas se quitan la vida. Se suicidan. El cannabis les devuelve a las células cancerosas esta habilidad que perdieron”, comenta David Meiri, investigador del cáncer del Instituto Tecnológico Technion en Haifa, Israel. Este proceso en el que las células cancerosas “comprenden” que no deben proliferar se denomina apoptosis y es inducido por el cannabis.

¿Por qué se desconocen los beneficios del cannabis?

Sobre la marihuana existe una campaña de desprestigio de 70 años orquestada por el gobierno de Estados Unidos. Por eso no se considera una medicina, no existen apenas estudios en humanos y mucha gente, a día de hoy, no quiere ni oír hablar de la hierba. Propaganda pura y dura.

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Propaganda contra México y la marihuana en periódicos de Estados Unidos. Fuente: Archivo redes.

“Si observas por qué se penalizó, el factor clave fue el rol del racismo, la xenofobia y el sentimiento antimexicano”, comenta Ethan Nadelmann, fundador de la Drug Policy Alliance, una organización sin ánimo de lucro que se opone a la guerra contra las drogas de Estados Unidos.

El uso medicinal y recreativo de la marihuana tiene una larga tradición en México. Por su clima, las técnicas de cultivo y, con ellas, la investigación, se desarrollaron ampliamente y su consumo se extendió entre la población indígena y las clases altas.

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Propaganda contra México y la marihuana en periódicos de Estados Unidos.

Los investigadores del cannabis califican de “oportunidad política” la Ley del Impuesto de Marihuana que entra en vigor en 1937 a modo de “ley seca” y a pesar de la oposición de los científicos de la época, que expusieron la inexistencia de una sustancia que sirviera para los mismos fines.

“El cannabis es una medicina desde hace 3.000 años. No ha sido una medicina en este país solo los últimos 70 años”, señala Donald Abrams, director de hematología del Hospital General de San Francisco.

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Decomisos de marihuana tras la entrada en vigor de la Ley del Impuesto de Marihuana de 1937.

A él se unen médicos, químicos y otros profesionales de la salud que coinciden en la dificultad de encontrar información sobre el cannabis y denuncian la desaparición de estudios publicados en los 70 por el Instituto Nacional del Cáncer y que demuestran la eficacia anticancerígena del cannabis:

“Empecé descargando estudios de pubmed.gov hace cinco años. Había como 450 sólo sobre cáncer de mama y ahora hay como 30. ¿A dónde fueron?”, indica la herbalista Angela Harris en el documental.

Afortunadamente y, a pesar de su aparente omnipotencia, hay otros países que se esfuerzan por traer a la luz los beneficios del cannabis. Israel o España son responsables de estudios donde se investigan cuestiones fundamentales para la correcta administración del cannabis médico.

Entre ellos destacan los siguientes: qué cepas del cannabis (o proporción THC-CBD) son eficientes para curar distintos tipos de cáncer, que los cannabinoides no destruyen las células sanas en contraposición a la quimioterapia o la disminución o desaparición de tumores y metástasis al administrar THC.

En Israel, la producción de cannabis médico está regulada por el gobierno. Raphael Mechoulam, catedrático de Química Médica de la Universidad de Jerusalén, fue el encargado de aislar por primera vez el THC del cannabis en los años 60. Debemos tener en cuenta que para ese entonces hacía más de un siglo que la morfina se había aislado del opio y la heroína de la hoja de coca.

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Antiguo frasco de extracto de cannabis.

El doctor Mechoulam señala a las grandes farmacéuticas como responsables del bloqueo en la investigación del cannabis. Tristemente el 80% de las drogas recetadas en el mundo se elaboran con opiáceos. También se menciona como causa la posesión de patentes sobre varios componentes de la marihuana por parte del gobierno de Estados Unidos. ¿Por qué se lucraría esta institución con algo que no cree que tenga valor médico?

Doctores y padres obligados a la ilegalidad e incertidumbre

California, como estado legal, es el ejemplo de la situación paradójica que viven estos padres de niños con cáncer o enfermos en general que quieren beneficiarse del cannabis medicinal.

Se ha creado la figura del asesor que sí está en el sistema médico y se encarga de calificar como “aptos para el tratamiento” a los pacientes y “recomendar” el uso de marihuana. No pueden hablar de dosis, tipos o maneras de consumirla porque no existen estudios. A partir de ese momento, contactar al proveedor y medicar a sus hijos es responsabilidad de los padres.

“No había consistencia, predictibilidad o nada que se asemejara remotamente a una medicina. Como ingeniera de procesos tuve que hacerla yo misma”, cuenta Mara Gordon que, tras una cirugía sencilla, contrajo meningitis en el hospital. Sus médicos la condenaron a una vida atada al dolor y los opiáceos. El cannabis le devolvió la salud y fundó Aunt Zelda’s Inc., un proveedor de aceite de cannabis médico.

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Jeringuillas con aceite de cannabis de Aunt Zelda’s Inc.

Así es la realidad de muchos padres y enfermos convertidos en expertos en cannabis a fuerza de experiencia. En el caso de Gordon tiene sus propios cultivos, elabora los aceites bajo su marca y recopila los datos de sus “pacientes” al detalle para orientarse sobre las dosis y el balance de THC y CBD que recetar según el tipo de cáncer. Carece de formación médica y lo deja claro.

“Me parece impactante que en esta época, con los miles de millones de dólares que se gastan en estudios de cáncer, la medicina de la que dependemos se haga en la cocina de alguien”, comenta otra de las madres del documental.

En efecto, la falta de continuidad en la cadena de administración del cannabis médico favorece que los proveedores sigan siendo camellos o “dealers”. No todos saben lo que fabrican o venden y menos los padres que deciden darle a niños, incluso a bebés, un producto dudoso.

En algunos casos la dosis se queda corta y no funciona, en otras al proveedor de confianza se le agota el aceite y los padres deben recurrir a un desconocido. En cualquier caso recordemos que los efectos secundarios del cannabis son mínimos o inexistentes comparados con la quimioterapia y que NO EXISTE LA SOBREDOSIS.

El siguiente problema de una marihuana médica fuera del sistema es el dinero. Los padres se gastan alrededor de 3.000 dólares al mes en inyecciones de aceite de cannabis al inicio y en torno a 1.500 dólares cuando el cáncer se estabiliza. Por supuesto, este tipo de tratamientos no están cubiertos por el seguro y no todos se los pueden permitir:

“Es desgarrador ver que hay algo que puede ayudar a tu hija y que no puedes obtenerlo” señala una de las mamás, que tiene que recurrir a una colecta en el trabajo para financiar el tratamiento y, afortunadamente, lo consigue.

La desesperación y la eficacia de estos tratamientos “milagrosos” ha propiciado la fundación de asociaciones o grupos, como Cannakids o Myriam’s Hope que van prosperando del boca a boca y Facebook a elaboradas webs y congresos en los que ya cuentan con la presencia de expertos médicos de todo el mundo y universidades que utilizan su experiencia y datos.

Cada vez más padres optan por tratamientos alternativos para el cáncer infantil pero cuando la vida de un niño está en juego, muy pocos padres o ninguno se atreven a rechazar la opción imperante de la quimioterapia. La consecuencia de esta combinación es que, en el momento en que se presentan resultados positivos, no se puede saber a ciencia cierta a qué corresponden.

Los médicos de “Weed the People”, atados de manos en su consulta, sólo se “atreven” a sugerir, con un brillo de complicidad en sus ojos, que no esperaban reducciones de los tumores tan drásticas con la quimioterapia. Otros que han decidido consagrar su carrera al cannabis, como la doctora Goldstein afirman con sencillez: “para una familia que sufre parece un milagro, pero sólo es ciencia”.

Tráiler del documental, tomado de: https://www.weedthepeoplemovie.com/