El fin de un paraíso en Camboya

Estoy en Kep, la provincia más pequeña de Camboya. Aquí el tiempo parece no existir, o al menos transcurre sin prisa. Menos de 40 mil habitantes viven en este poblado famoso por el cangrejo, la pimienta y su reserva natural que aún mantiene a raya el avance fatídico del desarrollo turístico.

Pero no sucede lo mismo en Sihanoukville, hoy un exvilla de pescadores presa de los inversionistas chinos y un puñado de vietnamitas que buscan expandir sus ganancias a costa de la vida de las personas y los recursos naturales.

Construcción sin freno en Sihanoukville. Fotografías: Carlos Underwood.

La “ciudad milagro” -como ha sido bautizada por el gobierno camboyano-, está devastada, hecha trizas por un plan de gobierno chino que busca la grandeza y la expansión.

Vista de la entrada a Sihanoukville.

Al entrar a la ciudad, el ruido de las excavadoras ensordece y la tierra hecha polvo nubla la vista. Los caminos son terrecería que los tuk tuk recorren como si se trataran de cicatrices de una herida que no termina de sanar con el tiempo: en Sihanoukville se trabaja sin freno para brindar a China un nuevo esplendor mientras los habitantes se sofocan entre acero, cemento y toneladas de piedras.

Un cambio sin precedentes en la fisonomía de la ciudad.

Casinos, rascacielos, hoteles de lujo y restaurantes exclusivos se construyen en Sihanoukville, un expueblo que desde el 2018 sufre una transformación sin precedentes para erigirse como un destino turístico sin límites, voraz y excluyente.

La Iniciativa Cinturón y la Ruta (Belt and Road Initiative -BR-), activada por China en 2015, ha repartido miles de millones de dólares en infraestructura e inversión privada para el desarrollo de Asia y África.

Los locales son desplazados por el desarrollo vertiginoso.

Camboya es uno de los aliados del gigante asiático, cuyo programa invierte en carreteras para conectar a la costa con la capital Phnom Penh, en plantas de energía, operaciones petroleras en aguas profundas y la edificación de un polo turístico cuyo modelo se antoja depredador.

Se planea la edificación de complejos de lujo por parte de empresas chinas.

Sihanoukville es reflejo de un desastre anunciado cuyas consecuencias se pueden advertir en otros destinos, como sucedió en su momento en el Caribe Mexicano y las costas de España. Ahora, Camboya es una experimento donde las mafias intervienen y los pobladores son desplazados.

Hoteles, restaurantes, y departamentos de lujo se edifican en la costa de Camboya.

Sumado a los evidentes problemas sociales y ecológicos, existe incertidumbre sobre los efectos que tendrá la Covid-19 para que no quede a la deriva la inversión y la ciudad permanezca en escombros. Pese a los pronósticos, Sihanoukville no se ha paralizado por completo.

Sihanoukville es una zona de guerra y sus calles están minadas. De las rocas y el polvo, empresas chinas buscan levantar complejos hoteleros y casas de juego: no hay nada ni nadie que detenga el megaproyecto, ni las denuncias por muertes de trabajadores por no contar con medidas de seguridad ni, por ahora, el avance de la pandemia.

El plan de desarrollo

De Kep a Sihanoukville hay menos de tres horas en automóvil. El recorrido es breve pero con obstáculos por la deficiente infraestructura carretera y el caos de los camboyanos al conducir.

Pese a los inconvenientes, el viaje es un deleite visual: las reservas naturales Preah Monivong y Ream, respectivamente, se alzan con un exuberante follaje verde en cada punto del recorrido.

Los parques naturales de Camboya exhiben riqueza y su zona costera es codiciada por China. Sihanoukville se ha convertido en el proyecto emblemático de Camboya pero sus efectos negativos, aunque visibles, aún están por valorarse.

Basta con recorrer sus calles y hablar con la gente para descubrir los daños colaterales del vertiginoso desarrollo: trabajadores sin protección y horarios asfixiantes, comercios locales cerrados, viviendas destruidas, el desplazamiento paulatino de habitantes, delincuencia y mafias que hacen de las apuestas ilegales un jugoso negocio.

Negocios se han adaptado al nuevo rostro de la ciudad.

Camboya es vital para la Iniciativa Cinturón y la Ruta, y, por ahora, parece invencible en Sihanoukville.

Los cuerpos de agua en medio de la ciudad reciben los escombros de las obras.

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