Secuelas de un régimen totalitario: Bulgaria y el arte socialista

La nostalgia se respira a través de 162 obras expuestas en el Museo de Arte Socialista de Bulgaria. Muchos ciudadanos desconocen la ubicación del recinto, o simulan, ya que su existencia representa grandeza para unos y represión para otros.

Museo Socialista de Bulgaria. Fotografías: Carlos Underwood.

El realismo socialista de la República de Bulgaria (1944-1989) se puede apreciar en un inmueble que abrió sus puertas en 2011, en Sofía, pese a la controversia de exhibir piezas de un régimen totalitario que cayó en la oscuridad hace 45 años y aún causa escozor en una sociedad dividida por la melancolía partidaria y la oposición recalcitrante.

Las joyas, por así decirlo, son un recuerdo del autoritarismo, de tiempos donde una ostentosa estatua de Lenin se elevaba en el corazón de Sofía como padre único del pueblo. (Desde el 2001, en ese mismo lugar, se alza el monumento de Santa Sofía).

En septiembre de 2011, el primer ministro Boiko Borisov, la alcaldesa Yordanka Fandakova, así como un séquito de funcionarios, inauguraron el Museo de Arte Socialista, un anexo de la Galería de Arte Nacional de Sofía.

El mensaje: “el comunismo donde debe estar, entre las paredes y los jardines de un museo”.

Al llegar al Museo de Arte Socialista, en la calle Lachezar Stanchev, a unos metros de la estación del metro Joliot-Curie, se vislumbra la estrella roja de cinco puntas, símbolo socialista que, en tiempos de gloria, se asomaba sobre la Casa del Partido de Bulgaria, y ahora para revelar un jardín con esculturas de varios artistas –anónimos o simplemente desconocidos porque el Estado jamás reveló sus nombres– que idealizaron a Lenin, Dimitrov, Dimitar Blagoev, Todor Zhivkov, al Che Guevara, así como al pueblo y a la clase trabajadora.

También hay esculturas que muestran a las víctimas del fascismo, crudas y desoladoras. La colocación de las piezas genera una sensación de enclaustramiento y pesadumbre.

Más de 160 obras, entre monumentos, cuadros y revistas de propaganda son parte de la colección, una de las más recientes en un país exsocialista que visiblemente experimenta los embates del capitalismo actual.

Con piezas con poco o mucho valor artístico, no importa, el Museo de Arte Socialista es un túnel del tiempo al pasado reciente de uno de los países más corruptos de Europa y con una desigualdad muy marcada.

Al inicio del recorrido, en la entrada, donde se compran los boletos (3 euros por persona, o 6 lev), se puede ver un documental con imágenes del régimen y la vida de aquel entonces.

Un recorrido obligado para entender las diferencias en Europa, los excesos del socialismo y la decadencia del capitalismo.

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